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martes, 18 de noviembre de 2008

Martes de la XXXIII semana del tiempo ordinario

El encuentro con Jesús es tan especial…

Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también él es hijo de Abraham, y el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido.

Evangelio: Lc 19,1-10
En aquel tiempo, Jesús entró en Jericó, y al ir atravesando la ciudad, sucedió que un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de conocer a Jesús, pero la gente se lo impedía, porque Zaqueo era de baja estatura. Entonces corrió y se subió a un árbol para verlo cuando pasara por ahí. Al llegar a ese lugar, Jesús levantó los ojos y le dijo: “Zaqueo, bájate pronto, porque hoy tengo que hospedarme en tu casa”. Él bajó enseguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, comenzaron todos a murmurar diciendo: “Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador”. Zaqueo, poniéndose de pie, dijo a Jesús: “Mira, Señor, voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes, y si he defraudado a alguien, le restituiré cuatro veces más”. Jesús le dijo: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también él es hijo de Abraham, y el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido”.
Meditación
El relato presenta el encuentro entre Jesús y Zaqueo casi como un hecho casual. ¿Qué nos narra el Evangelio? Jesús entra en Jericó y lo recorre acompañado por la muchedumbre. Zaqueo parece impulsado sólo por la curiosidad cuando sube al sicómoro para ver al Señor. A veces, el encuentro de Dios tiene también la apariencia de la casualidad. Pero nada es casual por parte de Dios. Si Jesús no hubiese mirado a Zaqueo, quizá hubiese permanecido como un espectador más de su paso por las calles de Jericó. Jesús habría pasado al lado, pero no hubiera entrado en su vida. Zaqueo no imagina que la curiosidad, que lo llevó a un gesto tan singular, era ya fruto de una misericordia previa, que lo atraía y pronto le transformaría en lo más profundo de su alma.Esos ojos que miraron a Zaqueo son los que se fijan en cada uno de nosotros.
Para Zaqueo debió ser una experiencia impresionante oír que le llamaban por su nombre con amor y con respeto ya que estaba acostumbrado a que le señalaran con desprecio. Ahora él oye pronunciar su nombre con un acento de amistad y confianza. Sí, Jesús nos habla siempre como amigos. Jesús además de amigo, es misericordioso. Hace de la casa de Zaqueo un lugar de perdón, de compasión que se le ofrece de modo gratuito y desbordante.
Así es Dios. Viene a nosotros invitándonos a la conversión. Nada podemos por nosotros mismos. Nada merecemos. Es Dios quien nos visita y nos da su gracia. Este es el cristianismo: un encuentro con el Amor. Zaqueo respondió a Jesús con generosidad. De una actitud cerrada, que lo había llevado a enriquecerse sin preocuparse de los otros, pasa a una actitud de compartir que se expresa en una distribución real y efectiva de su patrimonio: “Voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes”. La atención al prójimo, constituye uno de los principales frutos de una conversión sincera. Entonces se sale del egoísmo, se deja de vivir para sí mismo, y se vive para los demás.
Reflexión apostólica:
El Evangelio nos enseña que para conquistar a los demás para Cristo hay que dejarse conquistar primero por Él. Si tenemos a Cristo en nosotros, entonces no podremos callarnos. El verdadero encuentro con el Señor transforma y purifica la vida pasada, nos lanza al inmenso horizonte del amor a Dios y nos lleva a comunicarlo a los demás con alegría y entusiasmo.
Propósito:
Estar atento a las necesidades de los demás buscando así corresponder al amor de Dios.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Lunes de la XXXII semana del tiempo ordinario


Saber perdonar

Si tu hermano te ofende, trata de corregirlo; y si se arrepiente, perdónalo.

Evangelio: Lc 17,1-6
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No es posible evitar que existan ocasiones de pecado, pero ¡ay de aquel que las provoca! Más le valdría ser arrojado al mar con una piedra de molino sujeta al cuello, que ser ocasión de pecado para la gente sencilla. Tengan, pues, cuidado.Si tu hermano te ofende, trata de corregirlo; y si se arrepiente, perdónalo. Y si te ofende siete veces al día, y siete veces viene a ti para decirte que se arrepiente, perdónalo”. Los apóstoles dijeron entonces al Señor: “Auméntanos la fe”. El Señor les contestó: “Si tuvieran fe, aunque fuera tan pequeña como una semilla de mostaza, podrían decirle a ese árbol frondoso: ‘Arráncate de raíz y plántate en el mar’, y los obedecería".
Meditación
Una vez más viene Jesús a nuestro encuentro con una advertencia divina, fruto de su misericordia y clemencia que nunca se acaban. Dios no se cansa de amarnos. Dios no se cansa de perdonar. Y nos invita a hacer lo mismo con los demás. Nos llama a ofrecer siempre el perdón generoso. Jesús nos insiste mucho en la reconciliación fraterna, por ejemplo cuando invita a poner la otra mejilla a quien nos ha golpeado y a dar el propio manto a quien nos ha quitado la túnica, o bien, cuando habla de que cada uno recibe el perdón en la medida en la que sabe perdonar; cuando dice que debemos ofrecer el perdón a los enemigos; que hemos de perdonar hasta setenta veces siete, es decir, prácticamente sin limitación alguna. Para vivir así hemos de contemplar mucho el ejemplo de Cristo que murió pronunciando palabras de perdón. Si Él llegó a ese extremo, ¿cómo no vamos a ser capaces nosotros de hacer lo mismo? Para ello hemos de abandonar el egoísmo, los juicios temerarios sobre los demás, las actitudes que nos cierran el corazón a la comprensión, a la acogida y al perdón de los demás. Señor enséñame que tu misericordia no puede penetrar en mi corazón si no sé perdonar a los demás, a ejemplo tuyo.
Reflexión apostólica:
Para quien ha experimentado el amor de Cristo sólo hay un camino en relación con los demás: el de la caridad, el de la comprensión y el perdón; en una palabra, el camino de la santidad. Seamos magnánimos en la caridad, perdonemos siempre así como Cristo perdona nuestros pecados. La caridad disculpa, une, suaviza asperezas, en una palabra: se hace donación.
Propósito:
Perdonaré de corazón cualquier ofensa por pequeña o grande que sea y también pediré perdón a quien yo haya ofendido aunque sea involuntariamente.

domingo, 16 de noviembre de 2008

No uno, sino "el" mandamiento

Qué mayor garantía que la de saber que este mandamiento salió de los labios del mismo Jesús. "Amor" no es una mera palabra, ni un mero sentimiento, ni siquiera una actitud. Amar es fundirse con el otro.

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XXXIII domingo del tiempo ordinario

Pon tus dones al servicio del Reino

Pues al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que tiene poco, se le quitará aun eso poco que tiene.

Evangelio: Mt 25,14-30

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: “El Reino de los cielos se parece también a un hombre que iba a salir de viaje a tierras lejanas; llamó a sus servidores de confianza y les encargó sus bienes. A uno le dio cinco talentos; a otro, dos; y un tercero, uno, según la capacidad de cada uno, y luego se fue. El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco.

El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió un talento hizo un hoyo en la tierra y allí escondió el dinero de su señor. Después de mucho tiempo regresó aquel hombre y llamó a cuentas a sus servidores. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presetó otros cinco diciendo: ‘Señor, cinco talentos me dejaste; aquí tienes otros cinco que con ellos he ganado’. Su señor le dijo:

‘Te felicito, siervo bueno y fiel. Puesto que has sido fiel en cosas de poco valor, te confiaré cosas de mucho valor. Entra a tomar parte en la alegría de tu señor’. Se acercó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: ‘Señor, dos talentos me dejaste; aquí tienes otros dos, que con ellos he ganado’. Su señor le dijo: ‘Te felicito, siervo bueno y fiel. Puesto que has sido fiel en cosas de poco valor, te confiaré cosas de mucho valor. Entra a tomar parte en la alegría de tu señor’.

Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y le dijo: ‘Señor, yo sabía que eres un hombre duro, que quieres cosechar lo que no has plantado y recoger lo que no has sembrado. Por eso tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo’. El señor le respondió:

‘Siervo malo y perezoso. Sabías que cosecho lo que no he plantado y recojo lo que no he sembrado. ¿Por qué, entonces, no pusiste mi dinero en el banco para que, a mi regreso, lo reciviera yo con intereses? Quítenle el talento y dénselo al que tiene diez. Pues al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que tiene poco, se le quitará aun eso poco que tiene. Y a este hombre inútil, échenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación’”.

Meditación

A través de la parábola de los talentos, Mateo destaca la importancia de hacer fructificar los dones que cada persona recibe para el desarrollo del Reino de Dios, superando miedos, pereza o comodidad. Los dones que nos has dado, Señor, son para construir tu Reino, desde aquí y para la eternidad…

¿Por qué nos afanamos, entonces, en verlos como galardones merecidos? ¿Por qué son fuente de vanidad, cuando deberían serlo de compromiso y laboriosidad? Bien dicen que no hay rico tan rico que no tenga nada que recibir, y no hay pobre tan pobre que no tenga nada que dar. Todos debemos poner a trabajar los talentos que hemos recibido para “entrar en el gozo del Señor”.

Todos debemos tener una participación activa en el Reino de Dios. Quizás el primer obstáculo se encuentra en el estado de inconciencia en que nos permitimos vivir, sin siquiera percatarnos de los talentos con que “fuimos equipados”. La falta de entusiasmo para descubrirlos y desarrollarlos es también un fuerte freno. A veces pareciera que la pereza en todas sus variantes fuese el dique que estorba el flujo de los dones que es urgente poner al servicio del prójimo, para su bien, el nuestro y el del Reino. Es así como la omisión nos convierte en el siervo inútil que, como se nos menciona hoy, es destinado al “llanto y al rechinar de dientes”.

Reflexión apostólica:

Vivimos en tiempos en los que no podemos dejar enterrados los talentos que Dios nos ha dado, son tiempos para hacerlos fructificar, acrecentarlos y desarrollarlos, poniéndolos al servicio de la misión. Las necesidades de la Iglesia son tantas que, ¿cómo no entregarnos totalmente? Vivamos hoy con el corazón apasionado por extender el Reino de Cristo.

Propósito:

Haré un “inventario” de mis talentos, y los pondré a producir hoy mismo.


viernes, 14 de noviembre de 2008

«Cristo está vivo, yo me lo he encontrado»

Cuestionario para el retiro de noviembre 2008

Retiro octubre 2008P. Guillermo Renedo, L.C.


Primera meditación  «Cristo está vivo, yo me lo he encontrado»


1. ¿Quién es Jesucristo para mí, no a nivel de ideas sino en mi vida práctica? ¿Pienso en Él con cierta frecuencia? ¿Acostumbro unirme espiritualmente a Él durante mi jornada mediante comuniones espirituales, actos de fe y amor?

2. ¿Suelo reservar diariamente uno o más momentos exclusivos para estar con Cristo, para hacer oración? ¿Son para mí los espacios más importantes del día? ¿Los defiendo, cueste lo que cueste?

3. De las características distintivas del hombre que se ha encontrado con Cristo y ha hecho la experiencia viva de Él, ¿cuál es la que más me falta o en la que necesito trabajar más?
 
  • Humildad para aceptar la voluntad de Dios en mi vida, sin dejarme guiar por mi orgullo y autosuficiencia.
  •  La aceptación sobrenatural de la cruz y el sufrimiento en mi vida como medio de purificación, de merecimiento de gracias y de crecimiento interior.
  •  El celo apostólico que me lleva a ser apóstol en todo momento con el testimonio de mi presencia, mi palabra y con obras en bien de mis hermanos, de mi parroquia e iglesia local.
  •  Fidelidad a Cristo y paz interior en la lucha contra las propias limitaciones, ante las tentaciones y las sacudidas de las propias pasiones y de las seducciones del mundo.

Segunda meditación
El pecado de tibieza

1. ¿Soy un hombre habitualmente tibio o mediocre en mis relaciones con Dios? ¿Soy consciente de la gravedad y peligrosidad que tiene este «cáncer del alma» o me deja más o menos indiferente?

2. ¿Suelo descuidar con frecuencia mis ratos de oración, los pospongo con facilidad, me dedico a ellos con apatía, desgana o cierta rutina? ¿Por qué? Por pereza, por dar prioridad a otras cosas, ¿cuáles? Falta de convencimiento o de sentimientos favorables, falta de generosidad o miedo a lo que Dios pueda pedirme, etc.

3. ¿Vivo con fervor e íntima convicción la santa misa y la confesión frecuente? ¿Son medios que me ayudan a crecer en mi conocimiento y amor a Cristo? En caso contrario, ¿por qué no?

4. ¿Suelo exponer con frecuencia mi vida de gracia poniéndome sin necesidad en ocasiones próximas de ofender a Dios mortalmente? ¿Me permito ofender habitualmente a Dios en pequeñas cosas (pecados veniales)? ¿Soy generoso con Dios a lo que Él me pide o me sugiere a través de mi conciencia, o por el contrario suelo darle largas o negarle lo que me pide?

5. ¿Qué medios estoy empleando para evitar caer en la mediocridad y crecer como cristiano: oración y vida de sacramentos, atención a los detalles, ayudarme de un confesor u orientador espiritual, tenacidad ante las dificultades y propias caídas, renovar todos los días mis ideales y mi amor a Jesucristo, etc.. 

Viernes de la XXXII semana del tiempo ordinario

La actitud de un verdadero discípulo

Quien intente conservar su vida, la perderá; y quien la pierda, la conservará.

Evangelio: Lc 17,26-37

En aquellos días, Jesús dijo a sus discípulos: “Lo que sucedió en el tiempo de Noé también sucederá en el tiempo del Hijo del hombre: comían y bebían, se casaban hombres y mujeres, hasta el día en que Noé entró en el arca; entonces vino el diluvio y los hizo perecer a todos. ”Lo mismo sucedió en el tiempo de Lot: comían y bebían, compraban y vendían, sembraban y construían, pero el día en que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y los hizo perecer a todos. Pues lo mismo sucederá el día en que el Hijo del hombre se manifieste. ”Aquel día, el que esté en la azotea y tenga sus cosas en la casa, que no baje a recogerlas; y el que esté en el campo, que no mire hacia atrás. Acuérdense de la mujer de Lot. Quien intente conservar su vida, la perderá; y quien la pierda, la conservará. ”Yo les digo: aquella noche habrá dos en un mismo lecho: uno será tomado y el otro abandonado; habrá dos mujeres moliendo juntas: una será tomada y la otra abandonada”. Entonces, los discípulos le dijeron: “¿Dónde sucederá eso, Señor?”. Y él les respondió: “Donde hay un cadáver, se juntan los buitres”.

Meditación

Jesús nos llama a vivir en actitud de vigilancia, a vivir en guardia frente a las mentalidades del mundo que nos invaden y que, sin darnos cuenta, nos hacen creer que es más importante el “tener” o el “aparecer” que el “ser”. Por esto, se hace más necesaria una actitud de oración, de lucha y esfuerzo para no dejar que la semilla que Dios ha depositado en nuestro corazón se ahogue y marchite en el contacto con el mundo. No esperemos el día de mañana para convertirnos y amar más a Dios. Aprendamos la lección que recibieron los hombres en tiempos de Noé o de Lot. No hay tiempo que perder cuando se trata de alcanzar nuestra salvación. Tenemos un tiempo corto, muy corto para amar e identificarnos con Cristo. La vida es un breve lapso, apenas un parpadeo, comparada con la eternidad que nos espera. Sería una falta contra el amor de Dios, el perder un solo instante del tiempo de que disponemos para hacer algo por Él. Esta vida es para forjar nuestro destino eterno. ¡Triunfaremos en la vida si sabemos emplear los pocos años que nos son dados para asimilar y vivir las enseñanzas de Jesucristo en el Evangelio!

Reflexión apostólica:

En la vida del cristiano no hay lugar para la pereza, para la pérdida de tiempo o para el ocio estéril. El día de hoy nos jugamos nuestra salvación y la de muchas otras personas. ¿Qué le responderemos hoy a Dios nuestro Señor? Gastemos nuestra vida minuto a minuto, sin cálculo ni medida, por amor a Cristo. ¡La misión nos urge!¡La caridad de Cristo nos apremia!

Propósito: Aprovechar hoy muy bien el tiempo buscando alcanzar mi salvación y la de mis hermanos.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Jueves de la XXX semana del tiempo ordinario

No seremos una Jerusalén más
Yo les digo que no me volverán a ver hasta el día en que digan: ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!
Evangelio: Lc 13,31-35
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le dijeron: "Vete de aquí, porque Herodes quiere matarte". Él les contestó: "Vayan a decirle a ese zorro que seguiré expulsando demonios y haciendo curaciones hoy y mañana, y al tercer día terminaré mi obra. Sin embargo, hoy, mañana y pasado mañana tengo que seguir mi camino, porque no conviene que un profeta muera fuera de Jerusalén. ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas y apedreas a los profetas que Dios te envía! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus pollitos bajo las alas, pero tú no has querido! Así pues, la casa de ustedes quedará abandonada. Yo les digo que no me volverán a ver hasta el día en que digan: ´¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!´".
Meditación
Herodes amenazaba a Jesús y los fariseos se lo comunicaban. Pero Jesús no hace caso, porque sabe que no puede morir sino en Jerusalén. Ante la resistencia de los judíos a creer en él, Jesús nos muestra un dolor que llena su alma. Los fariseos que atacan y menosprecian a Jesús se acercan, le piden que se ausente pues Herodes lo amenaza, y parece que todo suena falso. ¡Como si estuvieran buscando realmente, también ellos, alejarlo! Y pienso en tantas veces que yo quiero asimismo, que te ausentes por un rato pues no me conviene enfrentarme con tu verdad, con tu moral y con tu doctrina. Por otro lado, veo también, a la luz del Evangelio, esos momentos en que alejamos a los pequeños de programas o espectáculos con el fin, así lo decimos, de protegerlos, mientras nosotros nos divertimos y nos envenenamos. ¿No estamos de hecho haciendo lo mismo que estos fariseos? Con los pequeños se va Jesús; nosotros nos acercamos a quien quiere matarlo. Me debería bastar verte crucificado, Jesús, para comprender todo lo que me has amado. En el Sagrario siempre me estás esperando y a la escucha de todo lo que te cuento me está pasando, y en el más estricto silencio puedo oír tu voz en mi conciencia e invades de paz mi alma. ¿Cómo no darme cuenta de lo que hoy me estás amando? Nos has querido reunir en tu Iglesia, católica, y hay muchos que te evaden, que se resisten y te rechazan y otros que "te apedrean" y te atacan... Quisiera decirte que nuestra ciudad ¡no será una Jerusalén más! Que aunque somos pocos, estamos luchando porque no lo sea... ¡Cerremos el mes de octubre con esta petición y compromiso, en la hora eucarística, ante Jesucristo en la custodia!
Reflexión apostólica: Delicadeza, rectitud de intención y compromiso sincero por ayudar a la Iglesia a reunir los hombres en el amor a Jesucristo, le da cuerpo a la labor del apóstol. Vivamos hoy con este lema: "Mi vocación es servir a la Iglesia y a los demás".
Propósito: Trabajar porque mi familia esté reunida con Jesucristo.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Miércoles de la XXXII semana del tiempo ordinario

¿No ha habido nadie, fuera de este extranjero, que volviera para dar gloria a Dios?

Evangelio: Lc 17,11-19
En aquel tiempo, cuando Jesús iba de camino a Jerusalén, pasó entre Samaria y Galilea. Estaba cerca de un pueblo, cuando le salieron al encuentro diez leprosos, los cuales se detuvieron a lo lejos y a gritos le decían: “¡Jesús, maestro, ten compasión de nosotros!”. Al verlos, Jesús les dijo: “Vayan a presentarse a los sacerdotes”. Mientras iban de camino, quedaron limpios de la lepra. Uno de ellos, al ver que estaba curado, regresó, alabando a Dios en voz alta, se postró a los pies de Jesús y le dio las gracias. Ese era un samaritano. Entonces dijo Jesús: “¿No eran diez los que quedaron limpios? ¿Dónde están los otros nueve? ¿No ha habido nadie, fuera de este extranjero, que volviera para dar gloria a Dios?”. Después le dijo al samaritano: “Levántate y vete. Tu fe te ha salvado”.

Meditación
La gratitud es una de las virtudes más hermosas en el mundo. Jesucristo nos dio ejemplo de ella durante toda su vida. Al leer el Evangelio, nos encontramos frecuentemente al Señor agradeciendo a su Padre, levantando los ojos al cielo y dándole gracias; incluso le vemos un poco triste, cuando de aquellos diez leprosos sólo uno volvió a agradecerle su curación. No tenemos nada que no hayamos recibido. Esto ha de llenarnos de agradecimiento y de deseos de corresponder a un Padre que tanto nos ama. Nunca podremos agradecerle a Dios lo mucho que nos ha dado. Para ser agradecido necesitamos ser humildes. El que es soberbio cree que todo se le debe, que lo merece todo y no siente la necesidad de dar un "gracias" sincero por los favores que recibe. Por eso, se requiere una gran humildad para sabernos siempre inmerecedores de las gracias de Dios, de los favores y atenciones de los otros. No pequemos contra el amor de Dios. Comencemos por agradecer cada día a Dios sus dones.

Reflexión apostólica: ¡El que vive agradecido con lo recibido está dispuesto a compartir siempre! El cristiano que vive centrado en Cristo y en agradarle, no espera recibir, sino que vive siempre en actitud de dar.

Propósito: Daré gracias a Dios por todo lo que permita hoy en mi vida. También seré agradecido con cualquier favor o ayuda que reciba por parte de los demás.

martes, 11 de noviembre de 2008

Martes de la XXXII semana del tiempo ordinario

No somos más que siervos; sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer.


Evangelio: Lc 17,7-10
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: “¿Quién de ustedes, si tiene un siervo que labra la tierra o pastorea los rebaños, le dice cuando este regresa del campo: ‘Entra enseguida y ponte a comer’? ¿No le dirá más bien: ‘Prepárame de comer y disponte a servirme, para que yo coma y beba; después comerás y beberás tú’?”. ¿Tendrá acaso que mostrarse agradecido con el siervo, porque este cumplió con su obligación? Así también ustedes, cuando hayan cumplido todo lo que se les mandó, digan: ‘No somos más que siervos; sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer’”.
Meditación
Para vivir la humildad es necesario que nos enamoremos de Cristo. Esta virtud no se puede vivir por obligación, sino por la atracción que sentimos hacia el Señor, manso y humilde. Él es un ser concreto, no una abstracción, y cuanto más se le conoce y se está a su lado, más se descubren nuevos motivos para estar enamorados de Él y para seguirlo. Por eso, hemos de contemplar frecuentemente la vida de nuestro Señor que se hizo hombre por nosotros, por un solo motivo, incomprensible para nuestra sola inteligencia humana: por amor. Su amor le hizo abajarse hasta nosotros, quiso vivir como cada uno de nosotros, sirviéndonos humildemente hasta dar la vida por todos. La humildad nos lleva a luchar contra nuestras inclinaciones naturales de figurar por encima de los demás, de sobresalir más que los otros, etc. Nos ayuda a evitar caer en el afán de recibir honores. Nos hace vivir en armonía con los demás, a reconocer los logros de los otros, a servirles desinteresadamente, buscando su mayor bien. Si somos humildes, podremos tener la certeza de que estamos cerca de Dios porque cuanto más humilde seamos, más podremos llenarnos de Dios.

Reflexión apostólica:
Vivamos con la actitud cristiana de “siervos inútiles”, sirviendo siempre sin esperar nada a cambio, evitando la presunción, siendo discretos en nuestras actuaciones y haciendo todo sólo para darle gloria a Dios. ¡Para el apóstol del Reino de Cristo, lo que importa es la realización de la misión!

Propósito:
Evitaré hablar de mí y me esforzaré por alabar todo lo bueno que vea en los demás.

jueves, 6 de noviembre de 2008

Jueves de la XXIX semana del tiempo ordinario

Tengo que recibir un bautismo, ¡y cómo me angustio mientras llega!

Vivir la misión de Cristo con amor
Evangelio: Lc 12,49-53
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "He venido a traer fuego a la tierra, ¡y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo! Tengo que recibir un bautismo, ¡y cómo me angustio mientras llega! ¿Piensan acaso que he venido a traer paz a la tierra? De ningún modo. No he venido a traer la paz, sino la división. De aquí en adelante, de cinco que haya en una familia, estarán divididos tres contra dos y dos contra tres. Estará dividido el padre contra el hijo, el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra".


Meditación
El Evangelio nos invita a vivir en pie de lucha. No se trata de hacer la guerra. Sino que se trata de una lucha por el bien, por la Iglesia, por el Reino de Dios. Luchar significa trabajar por el Evangelio. Desde la perspectiva del amor, esta lucha deja de ser árida o difícil, rompe nuestra tacañería y estrechez y nos hace vivir con generosidad para con Dios. Desde esta dimensión, por ejemplo, ya no se va a la misa dominical por ser una obligación, sino porque lo exige el amor. Todo se realiza por amor a Cristo. Si nuestro amor es como el de Él, es decir, es un amor de donación plena y no sólo de palabras o sentimientos, no nos dejará tranquilos ni nos permitirá acomodarnos a una vida simplemente buena. Por el contrario, nos urgirá a entregarnos del mejor modo. Jesús nos invita a concebir nuestra vida como una misión de hacer llegar su Reino a todos los hombres que aún no lo conocen o no lo aceptan y a vivir con exigencia. ¿Qué camino más hermoso podría proponernos el Señor que el de vivir con grandeza de ánimo las exigencias propias de la vida humana y cristiana?

Reflexión apostólica:
Para vivir con el espíritu de lucha al que nos invita Cristo, no se necesita ir muy lejos. Debemos empezar dedicándonos a nuestros deberes buscando realizarlos con la máxima perfección, por amor a Jesucristo. El joven lo hará estudiando con responsabilidad, los padres de familia atendiendo a sus hijos con esmero; el que trabaja lo hará con seriedad, etc. Para animarnos en esta lucha constante hagamos jaculatorias, busquemos momentos en los que elevemos el corazón a Dios y recordemos que somos apóstoles y tenemos una misión en la vida.

Propósito:
Optar por vivir hoy con exigencia, motivado por el amor de Dios, alejando toda tibieza o mediocridad.

La Legión de Cristo llegó a Chile en 1980.

Los primeros 25 años han significado para la congregación un período de impulso y crecimiento en el campo educativo, en obras de caridad cristiana y en la formación de la juventud.
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miércoles, 5 de noviembre de 2008

Miércoles de la XXXI semana del tiempo ordinario

El que no renuncie a todos sus bienes no puede ser mi discípulo.

EvangelioLectura del santo Evangelio según san Lucas 14, 25-33En aquel tiempo, caminaba con Jesús una gran muchedumbre y él, volviéndose a sus discípulos, les dijo:“Si alguno quiere seguirme y no me prefiere a su padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, más aún, a sí mismo, no puede ser mi discípulo. Y el que no carga su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.Porque, ¿quién de ustedes, si quiere construir una torre, no se pone primero a calcular el costo, para ver si tiene con qué terminarla? No sea que, después de haber echado los cimientos, no pueda acabarla y todos los que se enteren comiencen a burlarse de él, diciendo: ‘Este hombre comenzó a construir y no pudo terminar’.


¿O qué rey que va a combatir a otro rey, no se pone primero a considerar si será capaz de salir con diez mil soldados al encuentro del que viene contra él con veinte mil? Porque si no, cuando el otro esté aún lejos, le enviará una embajada para proponerle las condiciones de paz.Así pues, cualquiera de ustedes que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser mi discípulo”.
MeditaciónJesús no sólo nos invitó a la pobreza de corazón sino que nos dio ejemplo de ella con su misma vida. Él, que poseía toda la riqueza de Dios, se hizo pobre por nosotros. Nació en el silencio y en la pobreza más completa. Y vivió así también a lo largo de toda su vida. Por eso, no nos debemos extrañar que en este pasaje nos diga que si no renunciamos a todos los bienes no podremos ser sus discípulos. De este modo nos invita a ser sobrios y a evitar las preocupaciones excesivas de este mundo. ¡Que Dios no nos encuentre distraídos o dedicados a las cosas materiales!La sola pobreza material, como tal, no garantiza necesariamente la cercanía a Dios, porque el corazón puede ser duro y estar lleno de afán de riqueza. Quien quiera seguir a Cristo de un modo radical, debe renunciar de corazón a los bienes materiales. Pero debe vivir esta pobreza como un modo de llegar a ser interiormente libre para Dios y para los demás.La cuestión de la pobreza de corazón debe ser continuamente objeto de un examen de conciencia. Reflexionemos seriamente en cómo vivimos este consejo evangélico. Veamos si tenemos capacidad de desprendimiento personal, si sabemos prescindir de lo propio para ponerlo al servicio de Dios y de los demás, si compartimos nuestro tiempo, nuestras cualidades, nuestros bienes terrenos, y todo lo que tenemos. Si somos agradecidos con los que nos sirven o nos ayudan. Pensemos si estamos dispuestos a darle a Dios todo lo que nos pide, si salimos al encuentro de las necesidades de los demás y de la Iglesia.El auténtico corazón generoso no da de lo que no necesita o de lo que quiere deshacerse, sino que da de lo que tiene…“hasta que duele”.
Reflexión apostólicaSeamos parcos y austeros con nosotros mismos y magnánimos con Dios y con los otros. El saber que todo lo que tenemos lo hemos recibido de Dios, nos debe impulsar a dar con generosidad.Si somos desprendidos y generosos con Dios y con los demás, nuestra vida producirá frutos para la eternidad que nos aguarda. Vivamos la pobreza con acciones concretas: colaborando en las obras de apostolado con nuestro tiempo y recursos.
PropósitoApoyar alguna necesidad ajena de mi prójimo o de la Iglesia, recordando que Dios se hace presente en el mundo gracias al esfuerzo de quienes ofrecen un apoyo material a las obras destinadas a difundir la Palabra de Dios.

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